PELEAS ENTRE HERMANOS

Cuando hablamos de peleas entre hermanos, hablamos de algo que es habitual en casi todas las familias. Desde el punto de vista de los padres, estas situaciones llegan a ser frustrantes, agotadoras e incluso angustiantes. En consulta surgen muchas dudas a cerca de como poder resolver de manera adecuada estos conflictos, que son consecuencia generalmente de la convivencia diaria, es decir, suelen ser motivos simples.

Entendemos que ver las peleas o roces entre los hermanos es realmente estresante, más allá de los chillidos o de los lloros, porque siempre se quiere que se lleven bien. Pero un fallo que se suele cometer muy a menudo es intervenir demasiado. Es decir, en muchas ocasiones son los padres los que resuelven los problemas entre los hijos, y resolviendo de manera constante los problemas de nuestros hijos, les quitamos la oportunidad de poder poner sus recursos en marcha y aprender a resolverlos ellos mismos. Además, esto produce generalmente una sensación de ser jueces, y casi nunca 100% objetivos, por lo que uno de los hijos saldrá como “ganador´´ y otro como “perdedor´´, lo que creará una mayor rivalidad entre ambos. De este modo podemos estar fomentando sin querer las peleas entre hermanos.

En cambio, si no intervenimos de manera constante, se fomenta la resolución de problemas en los más pequeños, es decir, aprenderán a negociar, a llegar a acuerdos, a controlar su frustración y a tener una mayor autonomía. Las peleas entre hermanos ayudan a establecer estrategias y habilidades para cuando tengan otro tipo de conflictos en el colegio. Esto en ningún momento quiere decir que no haga falta intervenir, pero si es cierto, que no debemos intervenir en todos los roces o discusiones que se puedan dar en casa.

A continuación, os dejamos algunos consejos a la hora de intervenir en los conflictos y peleas entre hermanos:

  • Los conflictos son normales, es decir, hay que verlos como parte de todas las relaciones y hay que aceptar que van a existir.
  • Debemos enfocarnos en la solución y no en el problema. Que sean los niños quienes digan las opciones que se les ocurran para resolver el conflicto, ya que si centramos la atención en el conflicto, no se conseguirá nada.
  • Hay que poner normas y límites claros. Siempre es necesario establecer unas normas que se deben cumplir y mejor que vayan orientada a fomentar en los más pequeños los valores que queremos inculcarles
  • Es realmente importante poder escuchar sin juzgar. Hay que es cucharles tranquilos y calmado, y mejor por separados. En esa escucha debemos procurar orientar la conversación otra vez a la búsqueda de soluciones y no centrarlo en el problema.

La resolución de conflictos forma parte de las habilidades sociales que se han de aprender para poder ir con seguridad en la vida.

Lucía Ongil

Psicóloga Sanitaria