Padres y adolescencia

La adolescencia se define, de forma general, como un periodo de transición entre la infancia y la edad adulta. Abarca una etapa que va desde los 11-12 años a los 18-20 aproximadamente.

Dada la amplitud de años que abarca, algunos autores han visto conveniente su diferenciación en subetapas. No obstante, y a pesar de estas acotaciones, parece que el comienzo y fin del fenómeno adolescente es algo complicado de determinar. Y altamente influido por la variable cultural.

Es por tanto un intervalo temporal en el que acontecen un gran número de cambios físicos y biológicos, psicológicos, sociales y culturales. Con el que, dado que se trata de una etapa de transición, a menudo es difícil lidiar. Tanto para el adolescente mismo como para su entorno más cercano. El cual no sabe bien cómo tratarle, si como un niño aun o más bien ya como un adulto.

De este modo, esto puede llegar a confundir igualmente a su vez al propio adolescente. Ya que no sabe con certeza qué es lo que se espera de él en esos momentos.

Cómo se siente el adolescente

Así pues, la inquietud y ansiedad que aparece en esta etapa es frecuente y habitual. Como forma de preparar al organismo ante situaciones nuevas y desconocidas, las cuales no se sabe con certeza cómo serán y si constituirán un peligro o no.

Por todo esto, en esta fase vital es sumamente importante que el joven se sienta apoyado y comprendido, tarea que han de llevar a cabo en buena parte ambos padres, los cuales han de brindarle la posibilidad de preguntar aquello que le genere dudas o contradicciones.

Es importante que el adolescente sienta que sus progenitores están ahí para cuando él lo necesite puesto que es un periodo de incremento de la autonomía, un “proceso de individuación por el que se reestructuran las relaciones infantiles con los padres”, pero en el que el respaldo en ocasiones “invisible” de los mismos es imprescindible para poder afrontar ese cúmulo de situaciones nuevas con el conocimiento de un apoyo existente desde la distancia.

Así, se trata de una época complicada como se ha dicho tanto para el joven como para sus padres, tanto por la posibilidad de conflicto y discrepancia entre ellos como por la confusión reinante en muchas ocasiones, en la que no obstante, el papel de los segundos será clave por su actuación como modelo para el adolescente en situaciones cotidianas, el cual de este modo verá incrementados sus propios recursos personales a través de un aprendizaje vicario de suma relevancia.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga Sanitaria

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