Por qué acudir a terapia familiar

Tanto las familias como los miembros integrantes de las mismas atraviesan a lo largo de su desarrollo una serie de etapas. Las cuales dotan, a nivel grupal e individual, de unas habilidades y unos recursos. Necesarios a su vez para afrontar con éxito la etapa posterior.

Sin embargo en estas fases, además de aprender y adquirir tanto conocimientos como destrezas nuevas. Aparecen igualmente determinados obstáculos generadores de mayor o menor estrés. Los cuales es necesario sortear y afrontar de forma eficaz. Para que el sistema no se vea dañado de forma significativa. Para ello es útil acudir a terapia familiar.

Estos estresores que hacen que el sistema familiar en ocasiones se “tambalee”. Y se desborde pueden ser de dos tipos:

  • En primer lugar, normativos. Se denomina de este modo a aquellos obstáculos más o menos previsibles que aparecen en las transiciones de una fase vital a otra.
  • También no normativos. Son aquellos obstáculos imprebisibles. Que aparecen de forma inesperada y dificultan el desarrollo adaptativo de la familia. La cual ha de redirigir todos sus esfuerzos hacia ese obstáculo.

Así pues, hay obstáculos los cuales la familia y sus miembros son capaces de resolver y afrontar por sí mismos. Pero sin embargo, existen otras dificultades con las que la familia parece que se “atasca”. Y con las que, por más que se intentan soluciones nunca se consigue el resultado esperado.

Esas dificultades, debido al malestar y el estrés que generan. Es probable que deriven en conflictos que terminen afectando de un modo u otro a parte o a toda la familia al completo, la cual llega a un punto en el que no se ve capaz ni de encontrar solución ni de llegar a acuerdos por sí sola.

En estos casos, es cuando se hace especialmente útil la ayuda externa, neutral e imparcial de un terapeuta familiar, el cual mediante un proceso en el que las partes implicadas aceptan voluntaria y explícitamente dicha ayuda, favorece vías de comunicación, acuerdos y consensos sin tomar en ningún momento él decisiones, sino que son los miembros participantes los que deciden sobre los temas abordados.

Mediante este proceso se consiguen enfrentar los diversos problemas y crisis surgidos en el seno familiar, llegando a acuerdos y consensos, con el menor coste emocional posible.

De este modo se evita el deterioro de las relaciones entre las partes en conflicto, de una forma relativamente rápida, flexible y efectiva todo ello en un entorno y en un contexto confortable y relajado que permita la adecuada comunicación y expresión, dando cabida a todos y cada uno de los miembros involucrados que deseen participar.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga Sanitaria

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