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En general se pueden distinguir dos tipos de creencias, a saber, aquella que reza que en la vida está todo escrito, existiendo un destino el cual es el que determina lo que sucederá, o bien, aquella que manifiestan las personas las cuales consideran que son ellas mismas las que construyen su presente y por tanto su futuro.

En función de ostentar una u otra, el modo en que se afrontan determinadas situaciones y concretamente aquellos problemas que puedan acontecer es bien diferente por algunas cuestiones:

  • En primer lugar, si se piensa que “está todo escrito” es obvio que uno mismo no puede hacer nada, puesto que lo que vaya a suceder ya está determinado.

Se puede pensar que esta postura puede resultar más cómoda y fácil por el hecho de adoptar un rol pasivo en el que aparentemente no es necesario hacer nada.

  • No obstante, este hecho en general produce una sensación de estar atrapado, de bloqueo y de ausencia de control sobre la propia existencia, ya que lo único que cabe es esperar a que se sucedan los acontecimientos e intentar adaptarse a los mismos.
  • Sin embargo, los sujetos que por el contrario consideran que son ellos mismos los que configuran su realidad, pueden definir en gran parte cómo puede ser su vida.
  • En esta situación, este tipo de personas asumen un rol mucho más activo y participante sin quedar a menudo bloqueados, ni esperar a que sea el resto el que cambie.

En este sentido, además se ha constatado que los individuos que piensan del primer modo, ante dificultades o problemas dados, tienen más riesgo de caer en estados de ánimo bajo, depresivos o ansiosos puesto que no tienen frecuentemente esperanza alguna y sólo les queda esperar, ya que “su vida no está en sus manos”.

De este modo, y teniendo en cuenta lo dicho, es posible evidenciar que se puede decidir cómo se quiere estar en función de aquello que se piense y del lenguaje que se emplee sobre uno mismo, esto es, cambiar entre “esto es lo que me ha tocado” y “puedo hacer porque esto cambie”, “no lo conseguiré” y “quiero y/o puedo conseguirlo”.

A pesar de esto, es necesario aclarar que el pensar de un modo más constructivo y que otorgue una mayor participación, implicación y actuación no exime de en ocasiones pasar malos momentos de malestar o sufrimiento como pudiese parecer, más bien la diferencia estriba en la ausencia de autoboicoteos que dificulten la realización y el propio avance.

En esta línea, el artículo que se presenta a continuación puede resultar de gran utilidad para continuar ahondando en el tema:

http://elpais.com/elpais/2015/09/24/eps/1443089520_324861.html

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

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