Os contamos el caso de una niña mal diagnosticada de Trastorno Negativista Desafiante que acude a consulta. Y con ello, estrenamos una nueva sección de casos que esperamos os gusten.

A comienzo de septiembre, al comenzar el colegio acudió a nuestra consulta un mamá con su hija diagnosticada de Trastorno Negativista Desafiante, buscaba una segunda opinión. Lo primero de todo es contaros qué es este trastorno. O mejor dicho qué síntomas suele presentar el niño o adolescente.

Los síntomas más destacados suelen ser:

  • En primer lugar que no obedece
  • Además parece retar al adulto
  • Intenta salirse con la suya
  • No sigue las normas
  • Los padres dicen que tienen mucho carácter
  • No respetan a los demás
  • Van en contra de lo que la autoridad les dicta

Todo lo anterior, son los comportamientos más comunes. Seguramente al leerlos habrás pensado que tu hijo o hija en algún momento lo han presentado. Y estás en lo cierto. Los niños según van desarrollando su personalidad y dándose cuenta de que son personas diferentes a sus padres, y que pueden tomar sus propias decisiones, van probando al adulto, para entre otras cosas conocer límites y saber hasta dónde pueden llegar. Por ello y por otras muchas cosas, hay que tener mucho cuidado antes de decir que un niño o niña tiene Trastorno Negativista Desafiante.

Una segunda opinión sobre el diagnóstico de Trastorno Negativista Desafiante

Tras entrevistar y valorar los informes aportados por la madre, decidimos pasar otras pruebas paralelas para confirmar el diagnóstico y los resultados de los mismos. Había otras pruebas que debíamos pasar y conocer a la niña un poco más.

Volvimos a quedar con los padres tras nuestra valoración, efectivamente era un diagnóstico equivocado que podía tener graves repercusiones en el futuro de la niña, tanto a nivel escolar como social.

¿Por qué hay que tener cuidado?

Por las temidas etiquetas. Una niña mal diagnosticada de Trastorno Negativista Desafiante, se enfrenta a una terapia que no lo va a ayudar y que por lo contrario, puede afectar su desarrollo emocional y personal. Aunque no conozcas la sintomatología, como tal, de este trastorno, el nombre ya influye en el adulto. Es decir, si se dice que un niño presenta este trastorno hay una predisposición, inconsciente, a verlo. Y con ello, a reforzarlo.

Para poder hablar de este tipo de trastorno, las conductas deben de darse durante al menos 6 meses, y se deben de dar más de 4 tipos de comportamientos disruptivos. A lo que se suma que debe alterar diferentes áreas de la vida del sujeto.

Una vez explicadas la ideas anteriores, vamos a centrarnos en el caso que os planteábamos al principio del artículo. Lo primero que hicimos al llegar su madre fue evaluar de manera neuropsicológica a su hija. En esta evaluación observamos varios aspectos:

  • En primer lugar presentaba rasgos celotípicos que le producían un estado de tristeza que canalizaba a través del enfado hacia la madre. En los niños, como hemos comentado en artículos anteriores, no expresan la tristeza de la misma manera que lo adultos. Por lo general suelen mostrarse irascibles y con explosiones de enfado. Hecho que ocurría en este caso.
  • Por otro lado, las pruebas mostraron que presentaba una alteración en las funciones ejecutivas, junto a una capacidad cognitiva superior. Las funciones ejecutivas, son las encargadas de controlar las emociones y la conducta, entre otras cosas. Y en el caso que presentamos es lo que ocurría. Es una niña con unas capacidades cognitivas muy buenas con un nivel de impulsividad muy elevado, que no puede controlar. Eso hace que siempre vaya más allá y se cuestiones aspectos que otro niños no haría. A lo que se le suma el hecho de que verbaliza todo lo que piensa.
  • Además, observamos una dificultad en el área social debido a su impulsividad. La falta de control, como consecuencia de la alteración en las funciones ejecutivas, la llevaba a tener más dificultades a nivel social. Todo ello hacía que en el colegio en muchas ocasiones se viera sola. Por lo que de nuevo se sentía aislada, como en el ámbito familiar con los celos. Es una espiral de malestar, que con su edad no podía gestionar. Y por ende, lo que hacía era desahogarse a través de conductas inadecuadas.

Esta niña mal diagnosticada de Trastorno Negativista Desafiante, al final era un problema de impulsividad con otros rasgos, que en cuanto los trabajemos, no tendrá ningún problema. De hecho, hemos podido comprobar que en dos semanas de tratamiento ha cambiado muchísimo su conducta a mejor. Con este caso podemos observar, que es muy importante evaluar a los niños ante una alteración del comportamiento. Es imprescindible observar qué está ocurriendo. Ya que no siempre un mismo comportamiento es causa del mismo problema o dificultad.

En caso de tener dudas o antes de tomar medicación, en casos de niños, una segunda opinión es importante e imprescindible. Un diagnóstico de Trastorno Negativista Desafiante puede resultar muy dañino si el niño no lo tiene.

Equipo Vaca Orgaz

Psicólogo Infantil: Evaluación de 0 a 6 años

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