Trastornos de conducta

Trastornos de conducta en niños o trastornos Externalizantes

En el mundo de la psicología del desarrollo existen tanto conducta o síntomas externalizantes así como internalizantes. Tanto unas como otras son conductas que suelen tener lugar en el desarrollo que se consideran anormales, es decir, se desvían de lo que se considera una conducta normal. Aun que existan estas conductas, la intervención psicológica es necesaria cuando estas dan lugar a problemas o se convierte en un problema. Esto quiere decir, que los síntomas son frecuentes, intensos, interfieren en la vida cotidiana y se dan en varias áreas del niño.

En nuestro centro, somos expertas en evaluación, diagnóstico y tratamiento en Trastornos de conducta en niños, y formamos a más de 60 psicólogos al año.

Lo primero es valorar lo que se considera una conducta normal o hay un trastorno de conducta en niños. Para ello, existen 3 patrones básicos que hay que tener en cuenta. El primero es el físico, por lo que los niños si no se desarrollan bien físicamente puede tener una repercusión psicológica importante. Algún ejemplo es cuando tiene lugar la pubertad avanzada, relacionada científicamente con trastornos psicológicos. El segundo es el factor social. Si una conducta no se ajusta a las consideradas normas sociales, se valora como no normal. Este factor puede ser muy controvertido dependiendo de la cultura en la que nos encontremos, ya que una conducta anormal en una cultura puede ser considerada normal en otras. Por último, encontramos el factor intelectual-cognitivo, es decir, hay conductas que se consideran normales en un rango de CI, pero anormales en otro rango de CI.

El libro para los diagnósticos de trastornos mentales (DSM-5) considera 3 grandes Trastornos de conducta en niños o trastornos externalizantes. El comportamiento perturbador suponen uno de los diagnósticos más frecuentes en las unidades de salud mental en España.  Estos trastornos son: Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), Trastorno Negativista Desafiante (TND) y Trastorno de Conducta (TC).

El TDAH es el más conocido de los tres, y se define como el patrón persistente de inatención o hiperactividad/impulsividad que interfiere con el funcionamiento o desarrollo. Además de en las características básicas de atención o de hiperactividad, el diagnóstico de TDAH se puede apoyar en otros indicadores como pueden ser la baja tolerancia a la frustración, labilidad emocional, irritabilidad o afectación adversa del rendimiento académico. El perfil de comportamiento que demuestran los niños hiperactivos cambia a lo largo de los años, de manera que los síntomas puros de hiperactividad tienden a remitir. A veces, aparece como un trastorno de conducta en niños. En cambio, las deficiencias atencionales persisten a medida que progresa el curso evolutivo y se encuentran dificultades de organización y distribución del tiempo que se ven incrementadas cuando los adolescentes adquieren responsabilidades y compromisos. En la adolescencia disminuye la sobreactividad motora e impulsividad aunque las dificultades atencionales y complicaciones académicas y sociales son características.

El TC, el DSM-5 define este trastorno como un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que no se respetan los derechos básicos de otras personas y/o las normas sociales propias de la edad del sujeto, manifestándose en conductas tales como, agresiones a personas o animales, destrucción de la propiedad, robos o actos fraudulentos y violaciones graves de las normas.

El TNC se define como un patrón de enfado/irritabilidad, discusiones/actitud desafiante o vengativa que dura por lo menos 6 meses. Se caracteriza por una conducta marcadamente desafiante y desobediente, y por un comportamiento disruptivo. Los niños que padecen este trastorno pueden presentar síntomas tales como: oposición activa a las peticiones o reglas de los adultos, tendencia a molestar deliberadamente a otras personas, sentimientos de enfado, resentimiento, baja tolerancia a la frustración o irritación y enojo con aquellas personas a las que suelen culpar de sus propios errores o dificultades.

El diagnóstico diferencial entre TC y TNC se hace en base a la gravedad de los comportamientos manifestados. Los síntomas del TNC son de menor gravedad y no incluyen agresiones hacia otras personas o animales, destrucción de la propiedad, ni robos o fraudes.

La diferencia entre el TC y el TDAH radica en que el comportamiento perturbador resultante de la desatención y de la impulsividad, propias del TDAH, no va dirigido a violar intencionadamente las normas sociales. En caso de la existencia de ambos, deberían diagnosticarse los dos.

El origen de estos problemas suele ser multicausal, es decir, se debe a varias causas. Por tanto, el tratamiento de estos problemas se basará en la evaluación realizada, incidiendo sobre los aspectos individuales, familiares y sociales del paciente, con el fin de eliminar la sintomatología manifiesta, disminuir la influencia que ejercen los factores de riesgo y potenciar los factores protectores que permitan una prevención primaria, en caso de que el trastorno no se haya manifestado, y una prevención secundaria o terciaria para cuando el problema ya esté instaurado.

Como tratamiento, existen diferentes opciones. Está la opción de proporcionar un tratamiento farmacológico, aun que a largo plazo no es aconsejable. Actualmente la mayor parte de los tratamientos que se utilizan en el ámbito de los trastornos disruptivos se basan en el modelo cognitivo-conductual, que postula que estos trastornos psicológicos son el resultado de la interacción de las siguientes variables: el contexto interpersonal, la fisiología de la persona, el funcionamiento emocional, la conducta y la cognición. Las técnicas que se utilizan en esta terapia son algunas de las siguientes: economía de fichas, contrato conductual, reestructuración cognitiva, entrenamiento en autoinstrucciones, entrenamiento en autocontrol, entrenamiento en solución de problemas y entrenamiento  en habilidades sociales.

Lucía Ongil

Psicóloga Sanitaria