Anticipar en negativo

Anticipar en negativo, es decir, pensar demasiado en negativo, sobre el futuro puede traernos consecuencias negativas. Así como alejarnos de nuestros objetivos.

El ser humano sano, debería tener un 90% de acción y un 10% de reflexión. Pero es algo que en nuestra cultura no existe. Pensamos muchísimo más de lo que actuamos. Y damos muchas vueltas a las cosas antes de hacerlas.

Los pensamientos negativos son automatismos espontáneos. Anticipatorios de situaciones de las que no hay certeza de que vayan a suceder. Una característica de estos pensamientos es la percepción de credibilidad. Es decir, parecen totalmente creíbles y racionales. Se llegan a percibir como verdades absolutas. Por lo que puede generar un gran malestar en forma de angustia y ansiedad. A su vez, el sentir más angustia y ansiedad, alimenta más aún los pensamientos anticipatorios. Por lo cual se entra en un círculo vicioso del cual es difícil salir.

Un ejemplo: me voy a levantar de la silla y pienso que voy a caerme. ¿Qué ocurre?.

En primer lugar, aumenta la probabilidad de caída, profecía autocumplida. Muchas veces somos nosotros mismos los que facilitamos que algo ocurre de tanto pensarlo.

Y, en segundo lugar, mientras estoy andando no estoy disfrutando del camino. Porque estoy pensando en el miedo a caerme. Esto se puede extrapolar a cualquier acto de la vida cotidiana. Por tanto, ¿sirve de algo anticipar un futuro negativo?

¿Qué hacer?

  • Parada del pensamiento

Detener el pensamiento. Encontrar nuestros propios recursos para detener el pensamiento. Dejar de pensar en las posibilidades. Simplemente andar, caminar. Detén tu mente, actúa, fluye, sitúate en el presente y deja de pensar en el futuro. Para conseguirlo, podemos seguir dos pasos muy sencillos:

  1. Salir del ensimismamiento que produce el pensamiento negativo.

Realizar algún acto pequeño pero que nos dé la señal de que tenemos que salir de ahí. Por ejemplo, dar una palmada o tener una goma en la muñeca y darse un pellizco. Algo un poco potente, que refresque la mente. Y nos haga reconectar con el presente, con el momento en el que estamos.

  • Parar el pensamiento.

Una vez conectados con el presente, realiza un acto que te lleve a pensar en otro tema. En otra situación y que sea incompatible con ensimismarte en tus pensamientos. Por ejemplo, llamar a alguien o escribir un whatsap. Te obliga a dejar de pensar en lo tuyo.

  • En primer lugar, sacar los pensamientos fuera de ti. Como por ejemplo ponerlos en un papel. Apuntar cuándo nos pasa esto. A veces va asociado a determinados momentos. Qué sensación sientes, qué emoción surge y qué pensamiento está asociado.
  • Además, contrarrestar el peso negativo de los pensamientos. Es decir, comenzar a pensar en forma de negación. “No me voy a caer”. O “no voy a suspender ese examen”.
  • Por último, normalizar. Esto es algo muy normal y cotidiano que alguna vez todos hemos vivido. Y tomar conciencia de que puedes disminuirlo tú mismo con tus propios recursos personales.

Sara Montealegre

Psicóloga

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