“Mi hijo tarda horas en hacer los deberes”. Para muchas familias, la tarde acaba convirtiéndose en una sucesión de recordatorios, discusiones y negociaciones: hay que sentarse, sacar los libros, dejar de levantarse, volver a concentrarse y terminar una tarea que parecía que iba a durar media hora.
Al final, el niño está cansado y los padres también. Y al día siguiente vuelve a ocurrir lo mismo.
Cuando un niño tarda demasiado en hacer los deberes, la solución no siempre consiste en dedicar todavía más tiempo a estudiar. Antes debemos averiguar qué está provocando que una tarea razonable se alargue durante horas.
¿Por qué mi hijo tarda tanto en hacer los deberes?
No existe una única explicación.
Algunos niños tienen dificultades para empezar. Saben perfectamente qué tienen que hacer, pero encuentran cualquier excusa para retrasarlo.
Otros empiezan rápidamente, pero se distraen continuamente: miran por la ventana, juegan con el lápiz, se levantan, hablan o necesitan que les recordemos constantemente qué estaban haciendo.
También encontramos niños muy perfeccionistas que revisan una y otra vez cada ejercicio, otros que no han comprendido bien la materia y algunos que simplemente están agotados después de una jornada escolar demasiado larga.
Por eso lo primero es observar dónde se está perdiendo realmente el tiempo.
Mi hijo no quiere empezar los deberes
En algunas familias el principal problema no son los deberes, sino conseguir que el niño se siente a hacerlos.
“Ahora voy”, “espera cinco minutos”, “primero termino esto”… y cuando finalmente empieza ha pasado una hora.
Si todos los días se produce la misma negociación, conviene establecer una rutina relativamente estable.
No tiene que empezar necesariamente nada más llegar del colegio. Algunos niños necesitan merendar, descansar o moverse un rato. Pero sí es conveniente que sepan aproximadamente cuándo comienza el tiempo de trabajo.
Una rutina previsible reduce la necesidad de negociar cada tarde desde cero.
Mi hijo se distrae constantemente haciendo los deberes
Si empieza a trabajar pero cualquier cosa consigue apartarle de la tarea, debemos observar las condiciones en las que estudia.
El móvil, la televisión, las notificaciones, los juguetes o el movimiento constante alrededor pueden dificultar mucho la concentración.
Pero eliminar las distracciones externas no siempre resuelve el problema. Algunos niños tienen verdaderas dificultades para mantener la atención durante una actividad que requiere esfuerzo mental continuado.
En esos casos puede ser útil dividir el trabajo en periodos asumibles y establecer pequeños descansos en lugar de exigirle que permanezca concentrado durante un tiempo que todavía no puede manejar.
También podemos trabajar específicamente la concentración mediante juegos y actividades para mejorar la atención.
¿Cuánto tiempo debería tardar un niño en hacer los deberes?
No existe un tiempo adecuado para todos los niños porque depende de la edad, el curso, la cantidad de tareas y sus características individuales.
Lo que sí debe llamarnos la atención es una diferencia desproporcionada entre el trabajo que tiene que realizar y el tiempo que necesita.
Si una tarea que razonablemente podría terminarse en poco tiempo ocupa toda la tarde de forma habitual, conviene analizar qué está ocurriendo.
Más horas delante de los libros no significan necesariamente más aprendizaje.
El error de estar permanentemente sentado a su lado
Cuando nuestro hijo tarda mucho, la reacción natural es intentar ayudarle.
Nos sentamos a su lado, le recordamos el siguiente ejercicio, le explicamos qué tiene que hacer, comprobamos cada respuesta y le avisamos cuando vuelve a distraerse.
A corto plazo puede conseguir que termine antes. El problema aparece cuando el adulto termina convirtiéndose en la atención, organización y memoria del niño.
Entonces aprende a trabajar únicamente cuando alguien está supervisándole.
Nuestro objetivo debería ser ayudarle, pero ir retirando progresivamente esa ayuda para que pueda asumir cada vez más responsabilidad.
¿Debemos ayudar a nuestros hijos con los deberes?
Ayudar no significa hacer los deberes con ellos.
Podemos enseñarle a organizarse, comprobar que ha entendido las instrucciones, ayudarle puntualmente cuando existe una dificultad y revisar cómo está trabajando.
Pero no deberíamos resolver cada ejercicio, corregir constantemente todo lo que hace o permanecer a su lado durante toda la tarde.
Si quieres aprender cómo acompañarle sin crear una dependencia continua, en nuestro vídeo para padres sobre cómo conseguir que tu hijo haga los deberes explicamos qué pautas utilizar para mejorar progresivamente sus hábitos y autonomía.
Qué hacer antes de empezar los deberes
Una pequeña planificación puede ahorrar mucho tiempo.
Antes de empezar podemos comprobar qué tareas tiene, qué materiales necesita y qué trabajo requiere más esfuerzo.
También podemos dividir una tarde aparentemente interminable en objetivos concretos.
“Haz los deberes” es una instrucción muy amplia.
“Primero hacemos estos cuatro ejercicios de matemáticas y después revisamos qué queda” convierte la tarea en algo mucho más manejable.
A medida que crece, debería ser el propio niño quien realice esta planificación.
¿Por qué trabaja si estoy a su lado pero deja de hacerlo cuando me voy?
Esta situación nos indica que nuestra presencia se ha convertido en parte de las condiciones que necesita para trabajar.
No significa necesariamente que sea incapaz de hacerlo solo.
Podemos empezar retirándonos durante periodos muy breves: acordamos qué debe hacer y volvemos después para comprobarlo.
Cuando consigue trabajar durante ese tiempo, ampliamos progresivamente el periodo de autonomía.
Es mucho más eficaz construir esa independencia poco a poco que pasar de estar toda la tarde a su lado a decir repentinamente “a partir de hoy haces todo solo”.
Mi hijo se enfada cuando hacemos los deberes
Cuando los deberes se han convertido en una fuente diaria de conflicto, puede aparecer un patrón muy difícil de romper.
El niño anticipa que va a ser desagradable, empieza protestando y los padres comienzan ya esperando una discusión.
En estas situaciones debemos evitar que cada error termine en un enfrentamiento.
Si además tiene dificultades importantes para aceptar las correcciones, equivocarse o enfrentarse a algo que no le sale a la primera, puede existir también un problema de tolerancia a la frustración.
En ese caso puede ayudarte nuestro artículo sobre qué hacer cuando un niño no sabe perder o tolerar la frustración.
Cuando tarda porque quiere hacerlo todo perfecto
No todos los niños que tardan mucho están distraídos.
Algunos borran continuamente, repiten ejercicios que estaban correctamente hechos, necesitan comprobar varias veces cada respuesta o se angustian ante la posibilidad de cometer un error.
En estos casos presionarles para que terminen más rápido puede aumentar todavía más su ansiedad.
Debemos ayudarles a distinguir entre hacer un trabajo adecuadamente y necesitar que todo sea perfecto.
Cuando los deberes duran demasiado porque no entiende la materia
También debemos descartar que exista una dificultad académica.
Si el niño no comprende lo que tiene que hacer, le cuesta leer los enunciados, tiene dificultades importantes con el cálculo o necesita continuamente explicaciones para tareas que debería poder realizar por su edad, no solucionaremos el problema únicamente con organización.
En estos casos conviene determinar qué dificultad concreta está interfiriendo en el aprendizaje.
¿Y si el problema es de atención?
Cuando además de tardar mucho observamos que pierde constantemente objetos, olvida instrucciones, deja las tareas a medias, comete muchos errores por descuido o tiene dificultades similares en el colegio, merece la pena prestar especial atención a su capacidad de concentración y organización.
Esto no significa automáticamente que tenga TDAH.
Las dificultades atencionales pueden aparecer por muchas razones y deben valorarse dentro del funcionamiento global del niño.
Lo importante es no interpretar siempre como falta de esfuerzo una conducta que puede estar relacionada con una dificultad real.
Cómo conseguir que haga los deberes con más autonomía
La autonomía se construye progresivamente.
Podemos empezar estableciendo una rutina, ayudándole a planificar qué tiene que hacer y acordando pequeños periodos en los que trabajará solo.
Después revisamos el resultado en lugar de supervisar cada segundo del proceso.
También conviene reconocer sus avances. Si normalmente necesita diez recordatorios y hoy ha empezado solo, merece la pena señalarlo.
Queremos que vaya comprobando que es capaz de organizarse y terminar su trabajo sin depender constantemente de un adulto.
Qué hacer cuando los deberes están afectando a toda la familia
Si todas las tardes terminan en discusiones, amenazas y enfados, debemos cambiar la dinámica antes de que el problema se consolide todavía más.
No se trata simplemente de conseguir que termine los ejercicios de hoy. Queremos enseñarle una forma de trabajar que pueda utilizar mañana sin nuestra presencia constante.
En nuestro vídeo Cómo conseguir que tu hijo haga los deberes encontrarás pautas dirigidas a padres para organizar este momento, reducir los conflictos y favorecer progresivamente la autonomía del niño.
Ver el vídeo Cómo conseguir que tu hijo haga los deberes
El objetivo no es terminar antes, sino aprender a trabajar solo
Reducir el tiempo que dedica a los deberes es importante, pero no debería ser nuestro único objetivo.
Lo verdaderamente útil es que aprenda a empezar sin una batalla diaria, organizar lo que tiene que hacer, mantener la atención durante periodos adecuados para su edad y pedir ayuda cuando realmente la necesita.
Si conseguimos eso, probablemente no solo tardará menos: también estará adquiriendo hábitos de trabajo y autonomía que necesitará durante toda su etapa escolar.



