Mi hijo solo quiere jugar a videojuegos: qué hacer

“Mi hijo solo quiere jugar a videojuegos”. Muchos padres empiezan a preocuparse cuando comprueban que la consola, el ordenador o el móvil se han convertido en la actividad preferida de su hijo y cualquier intento de limitar su uso termina en una discusión.

El problema no es necesariamente que le gusten mucho los videojuegos. Pueden ser una forma de entretenimiento como cualquier otra. Lo que debemos observar es qué lugar ocupan en su vida y qué ocurre cuando tiene que dejar de jugar.

Si ha perdido interés por otras actividades, abandona sus responsabilidades, cada vez necesita jugar más tiempo o las discusiones por las pantallas condicionan la convivencia familiar, conviene intervenir antes de que el problema aumente.

¿Por qué mi hijo solo quiere jugar a videojuegos?

Los videojuegos están diseñados para resultar atractivos. Proporcionan objetivos claros, recompensas frecuentes, sensación de progreso y nuevos retos de manera continua.

Además, permiten al niño experimentar algo que no siempre encuentra con tanta facilidad fuera de la pantalla: puede mejorar rápidamente, competir, superar niveles, relacionarse con otros jugadores y obtener reconocimiento inmediato.

Por eso no resulta extraño que, si tiene que elegir entre hacer los deberes, ordenar su habitación o continuar una partida, prefiera seguir jugando.

La cuestión no es conseguir que deje de disfrutar de los videojuegos, sino enseñarle que una actividad que le gusta no puede desplazar todas las demás.

¿Cuándo debería preocuparme por los videojuegos?

El número de horas es importante, pero no es el único criterio.

Debemos observar las consecuencias.

Conviene prestar atención si el niño deja de hacer otras actividades que antes disfrutaba, duerme menos para seguir jugando, descuida los estudios, miente sobre el tiempo que ha estado conectado o prácticamente todas las conversaciones familiares terminan girando alrededor de cuándo puede volver a jugar.

También es significativo lo que ocurre cuando tiene que apagar la pantalla.

Si cada interrupción provoca una reacción desproporcionada, necesitamos trabajar no solo el tiempo de uso, sino también su capacidad para aceptar límites y gestionar la frustración.

Mi hijo se enfada muchísimo cuando le quito la consola

Esta es una de las situaciones que más preocupan a los padres.

Pedimos que termine y responde “ahora voy”. Pasan diez minutos, volvemos a pedirlo y comienza la negociación. Finalmente apagamos la consola y aparecen los gritos, los insultos o una rabieta.

Cuando esto ocurre repetidamente, es fácil que los padres terminen retrasando el momento de apagarla simplemente para evitar el conflicto.

Sin querer, el niño puede aprender algo: si protesto suficientemente, consigo más tiempo.

Por eso es importante que las reglas sobre el uso de videojuegos existan antes de comenzar a jugar y no se improvisen en el momento de apagar la consola.

¿Cuántas horas debería dejarle jugar?

No existe una cantidad idéntica para todos los niños. La edad, el momento de la semana, las responsabilidades y el resto de actividades deben tenerse en cuenta.

Más que discutir diariamente por minutos concretos, es recomendable establecer previamente cuándo se puede jugar y durante cuánto tiempo.

El niño debe saber qué responsabilidades tienen prioridad: dormir adecuadamente, ir al colegio, estudiar, hacer actividad física, relacionarse con otras personas y participar en la vida familiar.

Los videojuegos deben encontrar su espacio dentro de una vida equilibrada, no organizar toda la vida alrededor de ellos.

El error de negociar cada día el tiempo de pantalla

Si cada tarde empezamos de nuevo con “¿puedo jugar?”, “¿cuánto?”, “cinco minutos más” o “cuando termine esta partida”, convertimos el uso de videojuegos en una negociación permanente.

Es mucho más sencillo establecer unas reglas conocidas de antemano.

Por ejemplo, podemos determinar qué debe estar hecho antes de jugar, en qué momentos está permitido y cuándo debe terminar.

Esto no significa que nunca pueda haber excepciones. Significa que la excepción no debería convertirse en la regla.

¿Debo utilizar los videojuegos como premio?

Utilizarlos continuamente como premio puede aumentar todavía más su valor.

Si todo lo que queremos que haga termina con “si haces esto, podrás jugar”, estamos transmitiendo involuntariamente que las demás actividades son obligaciones desagradables y que el verdadero objetivo del día es llegar a la pantalla.

Podemos establecer que determinadas responsabilidades deben cumplirse antes del tiempo de ocio, pero sin convertir cada pequeña conducta en una transacción.

Mi hijo hace los deberes deprisa para poder jugar

Algunos niños no se niegan a hacer sus tareas, pero intentan terminarlas lo más rápidamente posible para acceder a la consola.

Esto puede provocar ejercicios incompletos, errores por precipitación o una forma de estudiar muy superficial.

No deberíamos valorar únicamente que “ha terminado”. Conviene comprobar que ha realizado el trabajo de una forma adecuada para su edad.

Si los deberes se han convertido en una fuente diaria de conflictos, puede ayudarte nuestro artículo sobre qué hacer cuando un hijo tarda demasiado o no quiere hacer los deberes.

Qué hacer cuando llega el momento de apagar

Para muchos niños, interrumpir bruscamente una actividad muy estimulante resulta difícil.

Puede ser útil avisar con cierta antelación: “te quedan diez minutos” o “cuando termine esta partida tendrás que apagar”.

Pero el aviso debe tener un final.

Si después de esos diez minutos empiezan otros diez, después otros cinco y finalmente otra partida, el límite deja de ser predecible.

Cuando llegue el momento, debemos mantenerlo con tranquilidad y sin iniciar una larga discusión.

El objetivo es que progresivamente aprenda a terminar una actividad que le gusta aunque preferiría continuar.

Mi hijo no sabe qué hacer cuando no tiene pantallas

Esta frase proporciona mucha información.

Si al retirar el dispositivo responde inmediatamente “me aburro”, puede haberse acostumbrado a recibir una estimulación muy intensa y constante.

No necesitamos organizar inmediatamente otra actividad para evitar que se aburra.

El aburrimiento también puede llevarle a buscar alternativas: dibujar, leer, construir, salir, inventar un juego o simplemente pensar qué le apetece hacer.

Si cada momento libre se llena automáticamente con una pantalla, tiene pocas oportunidades de desarrollar esa capacidad.

¿Hay que quitarle completamente los videojuegos?

En la mayoría de las situaciones no es necesario pasar de un uso excesivo a una prohibición absoluta.

Las medidas extremas pueden resultar difíciles de mantener y provocar todavía más enfrentamientos.

Normalmente buscamos que el niño aprenda a utilizarlos de forma equilibrada y a respetar unos límites.

Sin embargo, cuando el uso está produciendo consecuencias graves o los padres han perdido completamente el control de la situación, puede ser necesario establecer temporalmente restricciones mayores mientras se reorganizan los hábitos.

Qué pasa si los padres tenemos normas diferentes

Es difícil que un límite funcione si un progenitor establece una norma y el otro la modifica constantemente.

No es necesario que los padres estén de acuerdo en absolutamente todo, pero sí conviene establecer unos mínimos comunes sobre horarios, dispositivos y consecuencias.

Las diferencias deben discutirse entre los adultos y no delante del niño mientras está intentando conseguir más tiempo de juego.

Si descubre que preguntando al otro progenitor puede obtener una respuesta diferente, probablemente aprenderá a hacerlo.

Videojuegos y tolerancia a la frustración

Los conflictos con las pantallas pueden revelar una dificultad más general para aceptar límites.

Si nuestro hijo también reacciona de forma muy intensa cuando pierde, cuando tiene que esperar, cuando algo no sale como quiere o cuando recibe un “no”, conviene trabajar su tolerancia a la frustración.

Puedes consultar también nuestro artículo sobre qué hacer cuando un niño no sabe perder.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Debemos prestar especial atención cuando el uso de videojuegos está afectando significativamente al sueño, los estudios, las relaciones familiares o las actividades sociales.

También si el niño miente para jugar, utiliza dispositivos a escondidas, no consigue respetar ningún límite o presenta reacciones muy agresivas cuando no puede acceder a ellos.

En estos casos no debemos limitarnos a discutir sobre cuántas horas juega. Es necesario comprender qué función están teniendo los videojuegos en su vida y por qué le resulta tan difícil desconectar.

¿Necesitas poner límites a los videojuegos sin discutir todos los días?

Cuando las pantallas se han convertido en una fuente constante de conflictos, decir simplemente “tiene que jugar menos” no suele resolver el problema. Los padres necesitan saber cómo establecer las normas, cómo mantenerlas y qué hacer cuando el niño protesta o se niega a apagar.

En nuestro vídeo para padres sobre pantallas y videojuegos explicamos pautas prácticas para recuperar el control del uso de los dispositivos y establecer unos límites adecuados en casa.

El objetivo no es conseguir que deje de gustarle jugar, sino enseñarle a disfrutar de los videojuegos sin que estos controlen su tiempo, sus obligaciones y la convivencia familiar.

Ver el vídeo sobre pantallas y videojuegos

Equipo de Centro Vaca Orgaz
Equipo de Centro Vaca Orgaz
Equipo multidisciplinar de psicólogos infantiles y neuropsicólogos con más de 25 años de experiencia en la evaluación y tratamiento de dificultades emocionales, conductuales y del aprendizaje en niños y adolescentes. Nuestro trabajo se basa en la evidencia científica y en la práctica clínica diaria con familias.

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