“No sé hacerlo”, “todo me sale mal”, “soy el peor” o “a mí nunca me sale”. Escuchar estas frases repetidamente puede preocupar mucho a los padres, especialmente cuando vemos que nuestro hijo tiene capacidades pero parece no confiar en ellas.
A veces estas expresiones aparecen después de una frustración puntual. Pero cuando un niño dice constantemente que no sabe hacer nada, evita intentar cosas nuevas o necesita que los demás le confirmen continuamente que lo está haciendo bien, conviene prestar atención.
La imagen que un niño construye sobre sí mismo influye en cómo afronta los errores, los aprendizajes, las relaciones con los demás y los nuevos retos. Por eso es importante ayudarle a desarrollar una autoestima ajustada, sin hacerle creer que todo lo hace perfectamente ni permitir que termine pensando que no es capaz de nada.
¿Por qué mi hijo piensa que todo lo hace mal?
No existe una única causa.
Algunos niños son especialmente exigentes consigo mismos y consideran que algo está mal simplemente porque no ha salido perfecto.
Otros se comparan constantemente con hermanos, compañeros o amigos y siempre encuentran a alguien que corre más, dibuja mejor, saca mejores notas o tiene más facilidad para alguna actividad.
También puede ocurrir que haya experimentado dificultades repetidas en algún ámbito y haya empezado a generalizarlas: pasa de “las matemáticas me cuestan” a “soy malo estudiando” y, finalmente, a “no sé hacer nada”.
Por eso debemos intentar descubrir qué experiencias están alimentando esa imagen negativa de sí mismo.
Mi hijo dice “no puedo” antes de intentarlo
Algunos niños abandonan incluso antes de empezar.
Cuando proponemos una actividad nueva responden inmediatamente “no sé”, “no puedo” o “hazlo tú”.
En ocasiones no se trata de falta de capacidad, sino de miedo a equivocarse.
Si no lo intenta, tampoco corre el riesgo de comprobar que algo no le sale bien.
Los adultos podemos caer entonces en la tentación de hacerlo por él para evitarle la frustración. A corto plazo resolvemos la situación, pero a largo plazo podemos confirmar involuntariamente su idea de que necesita a otra persona porque él no puede.
La diferencia entre autoestima y pensar que uno es el mejor
Tener una buena autoestima no significa creer que somos mejores que los demás ni pensar que todo lo hacemos bien.
Un niño con una autoestima adecuada puede reconocer que unas cosas se le dan bien y otras le cuestan.
También puede equivocarse sin interpretar cada error como una demostración de que no vale.
El objetivo es que pueda pensar: “esto todavía no me sale” en lugar de “soy incapaz de hacerlo”.
Esa diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la manera de enfrentarse a una dificultad.
¿Debemos decirle continuamente que lo hace todo bien?
Cuando vemos a nuestro hijo inseguro es normal intentar compensarlo con elogios.
“Eres el mejor”, “eres superinteligente”, “todo se te da fenomenal”.
Pero un elogio exagerado no siempre mejora la autoestima.
Si el niño acaba de suspender un examen o sabe que una actividad le cuesta, decirle simplemente que es buenísimo puede resultarle poco creíble.
Es mucho más útil realizar reconocimientos concretos y realistas:
“Te ha costado, pero no lo has dejado”.
“Hoy has conseguido hacerlo sin pedirme ayuda”.
“Esta parte todavía te cuesta, pero esta otra la has aprendido muy bien”.
Así le ayudamos a construir una imagen de sí mismo basada en experiencias reales.
El peligro de las etiquetas
Las etiquetas pueden aparecer incluso sin mala intención.
“Es el tímido de la familia”, “su hermano siempre ha sido más estudioso”, “es muy despistado”, “no se le dan bien los deportes”.
Cuando un niño escucha repetidamente una descripción sobre sí mismo puede terminar incorporándola a su identidad.
En lugar de describirle como una característica fija, es preferible hablar de conductas o situaciones concretas.
No es lo mismo decir “eres desordenado” que “hoy has dejado toda la ropa en el suelo”.
La primera frase habla de quién es. La segunda, de algo que puede cambiar.
Compararle con otros niños puede empeorar su inseguridad
Las comparaciones suelen hacerse con intención de motivar:
“Mira tu hermano, ya ha terminado”.
“Tu amiga estudia sola y tú siempre necesitas ayuda”.
“Los demás niños no tienen miedo”.
Pero el mensaje que puede recibir es que los demás son la medida de su valor.
Es preferible compararle consigo mismo: qué era capaz de hacer hace unos meses, qué ha aprendido y qué necesita seguir practicando.
Mi hijo se hunde cuando algo no le sale bien
La autoestima y la tolerancia a la frustración están muy relacionadas.
Un niño puede sentirse competente mientras todo le sale bien, pero descubrir realmente su capacidad de afrontar dificultades cuando algo falla.
Si ante cualquier error dice “soy tonto”, rompe el ejercicio, abandona o se niega a intentarlo otra vez, debemos ayudarle a separar el resultado de la valoración que hace sobre sí mismo.
Si este comportamiento aparece también al competir o jugar, puede ayudarte nuestro artículo sobre qué hacer cuando un niño no sabe perder.
Cómo hablar de los errores
Los errores forman parte del aprendizaje, pero decir simplemente “de los errores se aprende” no siempre es suficiente.
El niño necesita experimentarlo.
Cuando algo sale mal podemos preguntarnos juntos qué ocurrió, qué parte sí hizo correctamente y qué podría probar de otra manera la próxima vez.
También podemos hablar con naturalidad de nuestros propios errores.
Si los adultos intentamos ocultar siempre nuestras equivocaciones, el niño puede pensar que las personas competentes nunca fallan.
Ver que sus padres se equivocan, rectifican y continúan es un aprendizaje importante.
Dejarle hacer cosas por sí mismo mejora su confianza
Queremos proteger a nuestros hijos y muchas veces hacemos por ellos cosas que ya podrían empezar a hacer solos.
Les preparamos la mochila, recogemos lo que han dejado, respondemos por ellos, solucionamos pequeños conflictos o intervenimos inmediatamente cuando encuentran una dificultad.
Pero la autoestima no se construye únicamente escuchando mensajes positivos.
También se construye acumulando experiencias de “he podido hacerlo”.
Por eso necesitamos ofrecerle responsabilidades y retos adecuados a su edad, incluso sabiendo que no siempre los realizará perfectamente.
Reconocer el esfuerzo sin convertirlo en el único objetivo
Valorar el esfuerzo es importante, pero también debemos enseñarle a analizar los resultados.
No se trata de decir que todo está bien simplemente porque se ha esforzado.
Podemos reconocer ambas cosas:
“Has trabajado mucho en este examen y esta vez el resultado no ha sido el que esperabas. Vamos a ver qué podemos cambiar para el siguiente”.
De esta manera no negamos la dificultad, pero tampoco convertimos un mal resultado en una valoración sobre su capacidad.
La autoestima también se construye fuera del colegio
Algunos niños terminan midiendo su valor casi exclusivamente a través de las notas.
Es importante que tengan oportunidades de descubrir capacidades en otros ámbitos: deporte, música, creatividad, relaciones sociales, actividades manuales, tecnología, cuidado de otras personas o cualquier actividad que despierte su interés.
No buscamos que destaque necesariamente en algo. Buscamos que descubra que su identidad es mucho más amplia que su rendimiento académico.
¿Qué hacer si se compara constantemente con los demás?
No podemos evitar que los niños se comparen. Forma parte de la vida social.
Pero sí podemos ayudarles a interpretar esas comparaciones.
Que otro niño sea mejor en una actividad no significa que él sea malo. Simplemente significa que las personas tenemos capacidades diferentes.
También podemos enseñarle que detrás de aquello que parece fácil para otra persona puede haber mucha práctica que él no está viendo.
Cuando la baja autoestima afecta a las relaciones sociales
Un niño inseguro puede evitar participar, tener dificultades para expresar su opinión o depender excesivamente de la aprobación de los demás.
En algunos casos puede aceptar comportamientos de otros niños que le hacen sentir mal por miedo a quedarse solo o ser rechazado.
Por eso una autoestima adecuada no afecta únicamente a cómo se siente consigo mismo. También influye en cómo se relaciona y en los límites que es capaz de establecer con otras personas.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
Todos los niños pueden atravesar momentos de inseguridad.
Conviene prestar especial atención cuando los comentarios negativos sobre sí mismo son muy frecuentes, evita actividades por miedo a fracasar, necesita constantemente aprobación, se compara de manera obsesiva, deja de hacer cosas que antes disfrutaba o su inseguridad está afectando al colegio o a sus relaciones.
También debemos observar cambios importantes. Si un niño que antes era seguro empieza repentinamente a decir que no vale para nada, conviene intentar averiguar qué ha ocurrido.
¿Necesitas ayudar a tu hijo a mejorar su autoestima?
Decirle “tienes que confiar más en ti” es fácil. Lo complicado es saber qué podemos hacer los padres en el día a día para que vaya construyendo una imagen más segura y realista de sí mismo.
En nuestro vídeo para padres sobre cómo mejorar la autoestima de tu hijo explicamos pautas prácticas para favorecer su seguridad, autonomía y confianza sin recurrir a elogios exagerados ni evitarle todas las dificultades.
El objetivo es ayudarle a descubrir que puede tener dificultades, equivocarse y necesitar aprender algunas cosas sin concluir por ello que no es capaz.



