Mi hijo tiene rabietas por todo: qué hacer y qué evitar

“Mi hijo tiene rabietas por todo”. Vestirse, apagar la televisión, salir del parque, recoger los juguetes o escuchar un simple “no” puede terminar en llanto, gritos y enfado. Cuando ocurre varias veces al día, los padres pueden llegar a sentir que cualquier pequeño límite desencadena un conflicto.

Las rabietas forman parte del desarrollo de muchos niños, especialmente durante los primeros años. Todavía están aprendiendo a esperar, aceptar límites, expresar lo que sienten y controlar emociones muy intensas.

Pero que las rabietas sean frecuentes en determinadas edades no significa que debamos ignorarlas ni que no podamos enseñar al niño a reaccionar de otra manera.

Para conseguirlo es importante entender por qué aparecen y, sobre todo, revisar qué hacemos los adultos antes, durante y después de una rabieta.

¿Por qué mi hijo tiene tantas rabietas?

Una rabieta aparece normalmente cuando existe una diferencia entre lo que el niño quiere que ocurra y lo que realmente ocurre.

Quiere seguir jugando y tenemos que irnos. Quiere una golosina y le decimos que no. Quiere ponerse unos zapatos determinados y no puede. Quiere hacer algo solo y todavía no sabe.

Para un adulto estas situaciones pueden parecer pequeñas, pero para un niño que todavía está desarrollando su capacidad de regulación emocional pueden provocar una frustración intensa.

Además, las rabietas pueden ser más frecuentes cuando está cansado, tiene hambre, ha tenido un día especialmente estimulante o está atravesando algún cambio importante.

¿Hasta qué edad son normales las rabietas?

No existe una edad exacta en la que las rabietas deban desaparecer de repente.

Son especialmente habituales en los primeros años porque el niño quiere cada vez más autonomía, pero todavía dispone de pocos recursos para gestionar la frustración.

A medida que crece esperamos que pueda expresar mejor lo que siente, aceptar más límites y recuperar la calma con mayor facilidad.

Por eso no debemos fijarnos solamente en la edad. También importan la frecuencia, la intensidad, la duración de las rabietas y la evolución que estamos observando.

Qué hacer cuando empieza una rabieta

Cuando el niño está completamente desbordado no suele ser el mejor momento para darle largas explicaciones.

Podemos mantenernos cerca, garantizar que no se haga daño ni haga daño a otras personas y utilizar pocas palabras.

Si la rabieta ha empezado porque hemos establecido un límite razonable, no necesitamos retirarlo simplemente para conseguir que deje de llorar.

Podemos reconocer lo que siente y mantener nuestra decisión:

“Sé que querías seguir jugando y estás muy enfadado, pero tenemos que irnos”.

El mensaje es importante: entiendo tu enfado, pero el límite continúa existiendo.

¿Debemos ignorar una rabieta?

Depende de lo que entendamos por ignorar.

No se trata de abandonar al niño cuando está desbordado ni de comportarnos como si no existiera.

Pero tampoco necesitamos convertir la rabieta en el centro de una enorme cantidad de atención, explicaciones, negociaciones y concesiones.

Podemos estar presentes y tranquilos sin entrar en una batalla.

Cuando recupere la calma será mucho más fácil hablar sobre lo ocurrido.

El error de ceder para que deje de llorar

Esta es una de las situaciones que más fácilmente pueden mantener las rabietas.

Imaginemos que el niño pide una chocolatina y respondemos que no. Empieza a protestar, después llora, grita y finalmente, agotados, se la damos.

El niño no ha aprendido simplemente que ha conseguido una chocolatina. Puede aprender que si aumenta suficientemente la intensidad de su protesta, el “no” puede convertirse en un “sí”.

Esto no significa que los padres nunca podamos cambiar de opinión. Podemos hacerlo cuando consideremos que nos hemos equivocado.

Lo que conviene evitar es cambiar sistemáticamente una decisión únicamente para detener una rabieta.

Mi hijo se enfada por cualquier cosa

Hay niños que parecen tener una tolerancia especialmente baja a las pequeñas frustraciones.

Se enfadan si pierden, si tienen que esperar, si algo no les sale a la primera, si otro niño utiliza el juguete que querían o si los planes cambian.

En estos casos puede ser útil trabajar la dificultad de una manera más amplia y no solamente intervenir cuando aparece la rabieta.

Si observas este patrón, puedes consultar también nuestro artículo sobre qué hacer cuando un niño no sabe perder y tolera mal la frustración.

Qué hacer después de la rabieta

Cuando el niño se ha calmado podemos hablar brevemente de lo ocurrido.

No necesitamos darle un sermón de veinte minutos. Queremos ayudarle a identificar lo que sintió y enseñarle qué podría hacer la próxima vez.

Por ejemplo:

“Te enfadaste muchísimo porque tuvimos que apagar la televisión. Puedes decirme que estás enfadado, pero no puedes pegar ni tirar cosas”.

Así distinguimos nuevamente entre emoción y conducta.

El enfado es aceptable. Determinadas formas de expresarlo no lo son.

¿Hay que castigar una rabieta?

La rabieta en sí misma no siempre necesita un castigo.

Un niño pequeño que llora porque está frustrado no necesita ser castigado por sentir una emoción que todavía no sabe controlar.

Otra cuestión son las conductas que pueden aparecer durante la rabieta.

Si pega, rompe deliberadamente un objeto o insulta, debemos establecer límites y, dependiendo de la edad y de lo sucedido, puede ser necesaria una consecuencia.

Pero la consecuencia debe dirigirse a la conducta, no al hecho de haberse enfadado.

Cómo prevenir algunas rabietas

No podemos evitar todas las frustraciones ni sería conveniente hacerlo.

Sin embargo, podemos prevenir algunos conflictos mediante rutinas y anticipación.

Si sabemos que le cuesta muchísimo abandonar el parque, podemos avisarle antes: “dentro de diez minutos nos vamos”, y después “te quedan cinco minutos”.

Si el problema aparece siempre cuando tiene hambre después del colegio, podemos tenerlo en cuenta al organizar la tarde.

Si le cuesta cambiar de actividad, podemos anticiparle qué ocurrirá después.

Prevenir no significa darle siempre lo que quiere. Significa crear condiciones que faciliten que pueda afrontar el límite.

¿Debemos distraer al niño para evitar una rabieta?

La distracción puede ser útil en determinados momentos, especialmente con niños pequeños.

Pero no debería convertirse en la única estrategia.

Si cada vez que empieza a frustrarse sacamos inmediatamente el móvil, ofrecemos comida o buscamos cualquier entretenimiento para que no experimente malestar, tendrá pocas oportunidades de aprender a gestionar esas emociones.

Nuestro objetivo no es eliminar toda frustración de su vida, sino ayudarle progresivamente a soportarla.

Cuando las rabietas aparecen al poner límites

Algunos niños aceptan relativamente bien las pequeñas dificultades hasta que reciben un “no”. Entonces aparece inmediatamente la explosión.

En estos casos debemos revisar si los límites son claros y, sobre todo, consistentes.

Si dependiendo de cuánto proteste obtiene respuestas diferentes, es lógico que siga comprobando hasta dónde puede llegar.

Esto ocurre también en otras situaciones cotidianas, como dejar la consola o el móvil. Si ese es uno de los principales motivos de conflicto en casa, puedes consultar nuestro artículo sobre qué hacer cuando un hijo solo quiere jugar a videojuegos.

¿Qué ocurre si yo también pierdo los nervios?

Los padres no somos inmunes al cansancio ni a la frustración. Después de varias rabietas es posible que terminemos gritando también.

Pero si queremos enseñar regulación emocional, nuestra manera de reaccionar se convierte en un modelo muy importante.

Esto no significa que tengamos que actuar siempre perfectamente.

Si hemos gritado podemos reconocerlo después: “Me he enfadado y te he hablado gritando. No debería haberlo hecho”.

También estamos enseñando algo importante: podemos equivocarnos, reconocerlo y reparar nuestra conducta.

¿Cuándo dejan de ser preocupantes las rabietas?

Más que esperar que desaparezcan de un día para otro, deberíamos observar una evolución.

Esperamos que progresivamente sean menos frecuentes, duren menos, disminuya su intensidad y el niño necesite menos ayuda para recuperar la calma.

También esperamos que empiece a utilizar otras herramientas: expresar con palabras que está enfadado, negociar cuando sea posible, esperar o aceptar que algunas veces no puede conseguir lo que quiere.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Puede ser recomendable consultar cuando las rabietas son extremadamente frecuentes o intensas, duran mucho tiempo, aparecen agresiones importantes, condicionan completamente la vida familiar o continúan siendo muy difíciles de manejar en edades en las que esperaríamos mayor regulación.

También cuando se producen en distintos contextos, interfieren en el colegio o en las relaciones con otros niños, o aparecen junto a otras dificultades de conducta, atención, desarrollo o regulación emocional.

En esos casos conviene comprender qué está provocando y manteniendo las rabietas en lugar de limitarse a intentar detenerlas cada vez que aparecen.

¿Necesitas saber cómo actuar ante las rabietas de tu hijo?

Una de las mayores dificultades para los padres no es saber que deben mantener la calma, sino saber qué hacer exactamente cuando la rabieta está ocurriendo: cuándo intervenir, qué decir, cómo mantener un límite y qué hacer después.

En nuestro vídeo para padres sobre cómo actuar ante las rabietas explicamos pautas prácticas para manejar estas situaciones y ayudar progresivamente al niño a expresar su frustración de otra manera.

El objetivo no es conseguir que nuestro hijo nunca vuelva a enfadarse, sino enseñarle que puede sentirse frustrado sin necesitar una rabieta para afrontar cada límite.

Ver el vídeo para aprender a manejar las rabietas

Equipo de Centro Vaca Orgaz
Equipo de Centro Vaca Orgaz
Equipo multidisciplinar de psicólogos infantiles y neuropsicólogos con más de 25 años de experiencia en la evaluación y tratamiento de dificultades emocionales, conductuales y del aprendizaje en niños y adolescentes. Nuestro trabajo se basa en la evidencia científica y en la práctica clínica diaria con familias.

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