Mi hijo no sabe perder: cómo ayudarle a tolerar la frustración

Mi hijo no sabe perder: cómo ayudarle a tolerar la frustración

“Mi hijo no sabe perder”. Es una preocupación bastante habitual entre los padres. Una partida que parecía divertida termina en enfado, tira las fichas, acusa a los demás de hacer trampas, abandona el juego o rompe a llorar porque no ha ganado.

En otras ocasiones el problema aparece fuera de los juegos: no soporta que otro niño haga algo mejor, se enfada cuando no consigue lo que quiere a la primera o evita aquellas actividades en las que cree que puede equivocarse.

Aprender a perder no consiste simplemente en aceptar que otro ha ganado. Implica desarrollar algo mucho más importante: la capacidad de tolerar la frustración, regular las emociones y aceptar que no siempre podemos conseguir lo que queremos.

¿Por qué mi hijo se enfada tanto cuando pierde?

Para un adulto, perder una partida puede tener poca importancia. Para un niño, sin embargo, puede significar mucho más.

Dependiendo de su edad, todavía está desarrollando la capacidad para controlar sus impulsos, relativizar lo ocurrido y manejar emociones intensas. Cuando pierde puede sentir enfado, vergüenza, decepción o incluso interpretar la derrota como una demostración de que no es suficientemente bueno.

También influye el temperamento. Hay niños especialmente competitivos, exigentes consigo mismos o con una gran necesidad de tener el control. Para ellos aceptar un resultado que no esperaban puede resultar especialmente difícil.

Por eso conviene observar no solo qué hace el niño cuando pierde, sino qué parece estar sintiendo en ese momento.

¿Es normal que un niño no sepa perder?

Hasta cierto punto, sí. Aprender a perder forma parte del desarrollo emocional y no es razonable esperar que un niño pequeño gestione la frustración igual que un adulto.

Lo importante es observar la intensidad de la reacción, su frecuencia y, sobre todo, si con el paso del tiempo va adquiriendo recursos para manejar mejor esas situaciones.

No es lo mismo protestar durante unos minutos porque ha perdido que reaccionar sistemáticamente con rabietas muy intensas, insultar, pegar, romper cosas o negarse a participar en cualquier actividad en la que exista la posibilidad de no ganar.

Cuando estas reacciones son frecuentes, el problema puede estar relacionado con una dificultad para gestionar las rabietas y las emociones intensas y merece la pena trabajar específicamente la tolerancia a la frustración.

Qué hay detrás de un niño que necesita ganar siempre

A veces interpretamos esta conducta como una cuestión de carácter: “es muy competitivo” o “quiere salirse siempre con la suya”. Pero no siempre es tan sencillo.

Un niño puede necesitar ganar porque le cuesta aceptar los errores, porque relaciona ganar con sentirse válido, porque tiene miedo a decepcionar a los demás o porque todavía no dispone de estrategias suficientes para enfrentarse a la frustración.

También puede haber aprendido que perder provoca una reacción muy intensa a su alrededor. Si cada vez que pierde cambiamos las reglas, le dejamos ganar para evitar el conflicto o intentamos compensarle inmediatamente, sin querer podemos estar reforzando el problema.

¿Debemos dejar ganar a los niños?

Dejar ganar ocasionalmente a un niño pequeño no supone ningún problema. El juego tiene que ser también una experiencia divertida y motivadora.

Lo que no conviene es que el niño gane siempre porque los adultos modificamos constantemente el resultado para evitar que se enfade.

Si nunca experimenta pequeñas frustraciones, tampoco tendrá oportunidades para aprender a manejarlas.

El objetivo no es provocar su frustración deliberadamente, sino permitir que experimente situaciones asumibles en las que unas veces gane y otras pierda, mientras le enseñamos cómo afrontar ambas cosas.

Qué no hacer cuando nuestro hijo pierde

Cuando empieza el enfado es fácil responder con frases como “no sabes perder”, “solo es un juego”, “si te pones así no jugamos más” o “mira cómo los demás no lloran”.

Aunque algunas puedan parecernos lógicas, normalmente no ayudan al niño a regularse.

Tampoco suele funcionar intentar convencerle inmediatamente de que perder no tiene importancia. Para él, en ese momento, sí la tiene.

Y existe otro extremo igualmente poco útil: evitar cualquier frustración dejándole ganar siempre.

Nuestro objetivo debería ser ayudarle a comprobar que puede sentirse enfadado o decepcionado y, aun así, afrontar lo ocurrido.

Cómo enseñar a un niño a perder

La tolerancia a la frustración se aprende poco a poco y las situaciones cotidianas ofrecen muchas oportunidades para practicarla.

Podemos empezar poniendo nombre a lo que está sintiendo: “Sé que te ha dado mucha rabia perder”. Reconocer su emoción no significa darle la razón en todo ni permitir una conducta inadecuada.

Después podemos marcar el límite: puede estar enfadado, pero no puede tirar las fichas, insultar a otro jugador o romper el juego.

También es importante que vea cómo reaccionamos nosotros cuando perdemos. Los niños aprenden mucho más observando nuestra conducta que escuchando largos discursos sobre cómo deberían comportarse.

Podemos verbalizarlo con naturalidad: “Me habría gustado ganar, pero esta vez has ganado tú. Jugamos otra”.

De esta manera le mostramos que perder produce cierta decepción, pero que esa emoción es soportable y pasa.

Qué hacer en el momento en que se enfada por perder

Cuando el niño está muy enfadado no suele ser el mejor momento para intentar darle una explicación larga.

Primero necesita recuperar la calma. Podemos reconocer brevemente lo que siente, mantener el límite y esperar.

Más tarde podremos hablar de lo ocurrido y pensar juntos qué podría hacer la próxima vez.

Con niños algo mayores podemos incluso preparar previamente una estrategia: qué puede decirse a sí mismo, qué hacer si nota que empieza a enfadarse o cómo pedir unos minutos antes de continuar.

Estas estrategias también resultan útiles cuando existen otros problemas de conducta en niños, porque permiten trabajar la regulación emocional antes de que aparezca una reacción desproporcionada.

Cuando perder afecta a su autoestima

Hay niños para los que perder no significa simplemente que esta vez otro ha ganado. Lo viven como “soy malo”, “no sé hacerlo” o “todos son mejores que yo”.

En estos casos debemos prestar especial atención a cómo interpreta sus errores.

Conviene valorar el esfuerzo, la constancia, la capacidad para aprender y la evolución, en lugar de centrar toda la atención en el resultado.

También es importante evitar etiquetas como “eres el mejor”, aunque parezcan positivas, si el niño termina sintiendo que necesita ser siempre el mejor para recibir nuestra aprobación.

¿Cuándo debería preocuparme porque mi hijo no sabe perder?

No tenemos que preocuparnos por cada enfado. Lo que debemos observar es si la dificultad para aceptar la frustración aparece constantemente y empieza a interferir en su vida.

Puede ser conveniente prestarle más atención cuando deja de participar en juegos por miedo a perder, tiene reacciones desproporcionadas, agrede o insulta, necesita ganar siempre, abandona cualquier actividad cuando algo no le sale bien o esta dificultad también aparece en el colegio, el deporte o las relaciones con otros niños.

Si además observamos desobediencia, enfrentamientos frecuentes o dificultades importantes para aceptar límites, puede ser útil valorar el problema de una manera más amplia. En este artículo explicamos también por qué un niño puede no obedecer y cuándo conviene pedir ayuda.

La tolerancia a la frustración se puede aprender

Un niño que hoy se enfada muchísimo cuando pierde no tiene por qué reaccionar siempre así.

La tolerancia a la frustración es una capacidad que puede desarrollarse. Para conseguirlo necesita enfrentarse progresivamente a pequeñas dificultades, aprender a reconocer lo que siente y disponer de alternativas para responder de otra manera.

Los padres tenemos un papel importante en ese aprendizaje, especialmente en nuestra manera de poner límites, reaccionar ante sus enfados y afrontar nuestros propios errores y frustraciones.

¿Necesitas pautas para trabajar la tolerancia a la frustración en casa?

Si tu hijo se enfada cuando pierde, abandona cuando algo no le sale como esperaba o le cuesta muchísimo aceptar un “no”, es posible trabajar estas situaciones en casa de una forma diferente.

En nuestro curso para mejorar la tolerancia a la frustración en niños encontrarás pautas prácticas para comprender estas reacciones y ayudar a tu hijo a enfrentarse mejor a las pequeñas frustraciones de la vida cotidiana.

El objetivo no es conseguir que nunca se enfade, sino enseñarle progresivamente a gestionar lo que siente cuando las cosas no salen como esperaba.

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Equipo de Centro Vaca Orgaz
Equipo de Centro Vaca Orgaz
Equipo multidisciplinar de psicólogos infantiles y neuropsicólogos con más de 25 años de experiencia en la evaluación y tratamiento de dificultades emocionales, conductuales y del aprendizaje en niños y adolescentes. Nuestro trabajo se basa en la evidencia científica y en la práctica clínica diaria con familias.

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