“Mi hijo quiere dormir conmigo todas las noches y no sé cómo conseguir que duerma solo”. Es una situación muy habitual en muchas familias. Algunos niños se niegan directamente a quedarse en su habitación; otros empiezan la noche en su cama, pero se despiertan y terminan durmiendo con sus padres.
Lo que inicialmente puede ser algo puntual acaba convirtiéndose a veces en una rutina que se mantiene durante meses o incluso años.
Que un niño quiera dormir con sus padres no significa necesariamente que exista un problema. La edad, los miedos, los cambios familiares y, sobre todo, los hábitos que se han establecido alrededor del sueño pueden explicar esta conducta.
Pero cuando queremos que empiece a dormir solo, es importante saber cómo hacerlo sin convertir cada noche en una batalla.
¿Por qué mi hijo quiere dormir conmigo?
Las razones pueden ser muy diferentes.
Algunos niños tienen miedo a la oscuridad, a quedarse solos o a que ocurra algo mientras duermen. Otros simplemente han aprendido a conciliar el sueño acompañados y necesitan reproducir esas mismas condiciones cada noche.
También es frecuente que el problema aparezca después de una pesadilla, una enfermedad, un cambio de domicilio, una separación, el nacimiento de un hermano o cualquier situación que haya aumentado temporalmente su necesidad de seguridad.
En otros casos no encontramos ningún acontecimiento concreto. El niño comenzó a dormir con sus padres y, poco a poco, se convirtió en su manera habitual de conciliar el sueño.
Mi hijo empieza en su cama pero por la noche viene a la nuestra
Esta situación es especialmente frecuente.
El niño puede dormirse perfectamente en su habitación, pero se despierta de madrugada y busca a sus padres. Algunas veces ni siquiera les despierta: simplemente entra en la habitación y se mete en la cama.
Todos tenemos pequeños despertares durante la noche. Normalmente volvemos a dormirnos sin recordarlos al día siguiente.
El problema aparece cuando el niño necesita unas condiciones concretas para volver a conciliar el sueño. Si ha aprendido que cuando se despierta puede dormir junto a sus padres, es lógico que busque repetir esa situación.
¿Es malo que un niño duerma con sus padres?
No debemos convertir esta cuestión en una valoración sobre si unos padres lo están haciendo bien o mal.
Hay familias que deciden compartir cama y están cómodas con esa decisión. Si todos descansan y los padres desean mantenerla, el problema puede no existir.
La dificultad aparece cuando la situación ya no es deseada: los padres no descansan, uno de ellos termina durmiendo en otra habitación, el niño es incapaz de dormir fuera de casa o la dependencia aumenta en lugar de disminuir.
En ese momento conviene plantearse cómo ayudarle a adquirir progresivamente autonomía para dormir.
¿A qué edad debería dormir solo?
No existe una edad exacta aplicable a todos los niños.
Lo importante es observar su desarrollo, las circunstancias familiares y el grado de dependencia que existe alrededor del sueño.
Sin embargo, a medida que crece esperamos que vaya adquiriendo progresivamente mayor autonomía, también durante la noche.
Si un niño mayor no puede quedarse en su habitación ni siquiera cuando quiere hacerlo, evita dormir en casa de amigos o familiares o experimenta una ansiedad muy intensa al separarse de sus padres por la noche, merece la pena analizar qué está manteniendo el problema.
Mi hijo tiene miedo a dormir solo
Cuando existe miedo debemos distinguirlo de un hábito.
Un niño puede decir “tengo miedo” porque realmente experimenta ansiedad ante la oscuridad, los ruidos o la separación. Pero también puede utilizar esa expresión porque ha aprendido que es la manera más eficaz de conseguir que uno de sus padres se quede con él.
En ambos casos no suele ayudar responder con “no tengas miedo, no pasa nada”.
Para nosotros puede resultar evidente que la habitación es segura, pero el miedo que siente el niño es real.
Podemos reconocerlo sin reforzarlo: “Sé que te da miedo quedarte solo, pero vas a aprender poco a poco a dormir en tu cama”.
Qué no hacer para conseguir que duerma solo
Uno de los problemas más frecuentes es la falta de una estrategia estable.
Una noche intentamos que duerma solo, después de una hora de protestas le dejamos venir a nuestra cama, al día siguiente nos quedamos con él hasta que se duerme y la siguiente noche decidimos que ya no podemos más y vuelve directamente a nuestra habitación.
Desde el punto de vista del niño, las reglas cambian constantemente.
También debemos evitar ridiculizar sus miedos, compararle con hermanos o amigos o utilizar frases como “eres demasiado mayor para comportarte así”.
La vergüenza no enseña a dormir solo.
Cómo conseguir que mi hijo duerma solo
El primer paso es decidir qué queremos conseguir y mantener una pauta coherente.
Conviene establecer una rutina previa al sueño relativamente estable: cenar, asearse, ponerse el pijama, realizar una actividad tranquila y acostarse aproximadamente a la misma hora.
El momento anterior a dormir debe ayudar a reducir progresivamente la activación. Las pantallas, los juegos muy estimulantes o las discusiones justo antes de acostarse pueden dificultarlo.
Después podemos trabajar de manera progresiva la separación.
Si el niño necesita que permanezcamos junto a él hasta que se duerme, puede resultar difícil pasar de esa situación a dejarle completamente solo de un día para otro.
En algunos casos funciona mejor reducir gradualmente nuestra presencia hasta que sea capaz de conciliar el sueño sin necesitar que permanezcamos en la habitación.
Qué hacer si se levanta y viene a nuestra cama
Si hemos decidido que duerma en su habitación, nuestra respuesta durante la noche debe ser coherente con ese objetivo.
Podemos acompañarle de nuevo a su cama de manera tranquila, sin iniciar largas conversaciones ni convertir el despertar en un momento especialmente atractivo.
Es posible que durante los primeros días tengamos que repetirlo varias veces.
La clave está en que el niño encuentre siempre aproximadamente la misma respuesta.
Si unas noches vuelve a su habitación y otras consigue quedarse en nuestra cama después de insistir suficientemente, aprenderá que merece la pena seguir intentándolo.
¿Y si llora cuando le dejo solo?
El llanto no significa automáticamente que tengamos que abandonar el objetivo, pero tampoco debemos ignorar qué está sintiendo.
Podemos acompañarle, tranquilizarle y transmitirle seguridad sin volver necesariamente al hábito anterior.
El proceso debe adaptarse a la edad y características del niño. Algunos toleran cambios relativamente rápidos y otros necesitan una transición más progresiva.
Lo importante es que perciba dos mensajes simultáneamente: “estás seguro” y “eres capaz de aprender a dormir en tu cama”.
Cuando el problema empieza a la hora de acostarse
Algunos niños no esperan a despertarse durante la noche. El conflicto comienza en cuanto llega la hora de ir a la cama.
Piden agua repetidamente, necesitan ir otra vez al baño, recuerdan algo que tienen que contar, piden otro cuento o dicen que todavía no tienen sueño.
Estas conductas pueden terminar alargando muchísimo la hora de acostarse.
Una rutina clara ayuda a reducir estas negociaciones. El niño debe saber qué ocurrirá cada noche y qué cosas forman parte de la rutina antes de apagar la luz.
Mi hijo se pone muy nervioso a la hora de dormir
En algunos niños observamos algo aparentemente contradictorio: cuanto más cansados están, más activos parecen ponerse.
Corren, hablan constantemente, quieren jugar o son incapaces de relajarse.
En estos casos debemos revisar los horarios, las rutinas y el nivel de estimulación durante el periodo anterior al sueño.
No todos los problemas para dormir solo tienen su origen en el miedo. A veces existe también una dificultad para reducir la activación y preparar al organismo para dormir.
¿Y si tiene pesadillas?
Después de una pesadilla es normal que el niño busque seguridad en sus padres.
Podemos tranquilizarle y acompañarle durante unos minutos, pero si nuestro objetivo es que duerma de manera autónoma conviene ayudarle después a regresar a su cama.
Cuando las pesadillas son muy frecuentes o provocan un miedo intenso a irse a dormir, es conveniente valorar el problema específicamente y no tratarlo únicamente como una dificultad para dormir solo.
La importancia de reforzar sus avances
Muchas veces prestamos toda nuestra atención cuando el niño se levanta y muy poca cuando consigue permanecer en su cama.
Conviene hacer justo lo contrario.
Por la mañana podemos reconocer sus progresos: “Esta noche te has despertado y has conseguido volver a dormirte en tu cama”.
No necesitamos grandes premios. El reconocimiento de su esfuerzo y la sensación de estar consiguiendo algo que antes le parecía imposible pueden convertirse en una motivación importante.
¿Cuándo deberíamos pedir ayuda?
Conviene valorar la situación cuando el problema se mantiene durante mucho tiempo, está empeorando, provoca un descanso insuficiente o afecta significativamente a la vida familiar.
También cuando el niño experimenta un miedo muy intenso, aparecen crisis de ansiedad, no puede dormir fuera de casa o existen otros problemas emocionales durante el día.
En estos casos es importante determinar si estamos fundamentalmente ante un hábito de sueño o si existe un problema de ansiedad que necesita otro tipo de intervención.
¿Necesitas un método para conseguir que tu hijo duerma solo?
Saber que debemos mantener rutinas y ser constantes es relativamente sencillo. Lo difícil suele ser saber exactamente qué hacer cada noche cuando el niño protesta, llora, se levanta o vuelve a nuestra cama.
En nuestro tratamiento Dormir solo explicamos a los padres cómo trabajar progresivamente este problema en casa y qué pautas seguir para ayudar al niño a adquirir autonomía durante la noche.
El objetivo no es obligarle a enfrentarse solo a sus miedos, sino conseguir que aprenda progresivamente que puede sentirse seguro y dormir en su propia cama sin necesitar la presencia constante de sus padres.



