Mi hijo se chupa el dedo ¿qué debo hacer?

Un hábito es la costumbre o práctica adquirida por la repetición frecuente de un mismo acto. El sujeto en un principio lo hace de forma consciente. Para más tarde, automatizarlo y hacerlo de forma inconsciente.

Los hábitos orales, son aquellos que ocurren dentro de la cavidad oral o están implicados los órganos orales.  Producen un desequilibrio entre las fuerzas externas (mejillas y labio de la zona anterior) e internas (lengua).

En ocasiones y si la conducta permanece en el tiempo después de los tres años, podría responder a carencias afectivas por algún cambio brusco en el núcleo familiar, por ejemplo, el nacimiento de un hermano, la separación de los padres, la entrada a la escuela infantil… También pueden ser debidos a una lactancia insuficiente o por alteraciones en el amamantamiento.

Constituyen una de las principales causas de alteraciones producidas en los órganos y musculatura orofacial que traen como consecuencia el compromiso en diferente grado, de procesos tan importantes en el ser humano como: la respiración, masticación, deglución, succión, articulación y la fonación.

Estos hábitos pueden presentarse en niños, adolescentes y adultos.

Una vez el hábito está instaurado, el niño debe acudir a distintos profesionales para que se comience una reeducación de este. Por una parte, el mal hábito puede ser tratado e incluso extinguido gracias a la ayuda de un psicólogo, las alteraciones de la cavidad bucal han de ser revisadas por un ortodoncista y las consecuencias en las funciones estomatognáticas (comer, hablar, pronunciar, masticar, deglutir, sonreír incluyendo todas las expresiones faciales, respirar, besar o succionar) reeducadas por un logopeda.

Nos encontramos con los siguientes hábitos:

  1. Succión:

A- Succión digital

B- Succión de chupete (de manera prolongada en el tiempo)

  1. Interposición de labio inferior
  2. Deglución infantil
  3. Respiración bucal

En estos casos, el mejor aliado para un buen pronóstico y evolución del problema es un diagnóstico precoz. Es decir, cuanto antes llevemos a nuestros hijos a un especialista, menos consecuencias presentarán en el resto de las funciones. Es importante, por tanto, observar y saber detectar este tipo de conductas.

Paula Ágreda

Logopeda

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