Deseo comer – estrés

El deseo de comer ante estrés

Hay a muchas personas, que el hecho de controlar sus ganas de comer ante ambientes estresantes, les es complicado. Y, cuando se encuentran en un entorno desorganizado, el controlar el consumo de dulces, puede resultar más difícil aún. El comer les lleva al estrés.

¿Es posible que los entornos estresantes puedan afectar en el comportamiento alimenticio?

¿Cómo se puede hacer para evitar que determinados atracones se produzcan?

Científicos de la Universidad de Cornell, dirigidos por Lenny R. Vartanian, realizaron una investigación en torno a este tema. Del deseo de comer y el estrés.

Los participantes en este estudio, eran un centenar de mujeres con edades comprendidas entre los 17 y los 27 años. Y, el objetivo de la investigación, era conocer el tipo y cantidad de alimentos que consumían en función del entorno. Además de si un entorno desorganizado-ruidoso, podía o no influir en la cantidad de comida que este grupo podía ingerir.

A las participantes se las ubica en una sala con diferentes alimentos. Como galletas saladas, galletas dulces y zanahorias. Y se las ubica en entornos y ambientes muy diferentes. Uno, donde residía la tranquilidad, el orden y no había interrupciones. Otro, más caótico, puesto que se encontraba desordenado, sucio y resultaba ruidoso.

Con la idea de inducir algo más de estrés en las participantes, pidieron a las mismas que realizaran unas tareas. En primer lugar, tenían que escribir en el cuadernillo que se les facilitaba, tres situaciones diferentes:

  • Una situación, en la que experimentaron que en algún momento, su vida se descontrolaba.
  • Otra situación en la que experimentaron que su vida se encontraba bajo control.
  • Y, por último, una situación de carácter neutral.

Después, se les pide que completen una encuesta en relación al sabor de los alimentos. Y, finalmente, se les dice que podían comer lo que les apeteciera de lo que se les ofrecía de picoteo.

Los resultados que arrojaron esta investigación dirigida por Vartanian, se resumen a continuación:

  • Participantes con mayor sintomatología estresante, comían el doble de galletas dulces en el entorno menos organizado (103 Kcal).
  • Las participantes del grupo control, por el contrario, comían menos cantidad de los alimentos ofrecidos. (38 Kcal). Parecía que no se vieran tan influenciadas por el entorno desorganizado. Y, el escribir acerca de un momento de vida bajo control, también influía en la cantidad de alimentos que comían.
  • El permitirse un tiempo de relax para recordar ese momento de vida bajo control, ayudaría a controlar el deseo de comer en exceso.
  • El caos del ambiente, parecía favorecer la aparición de sentimientos de falta de control.
  • La combinación de estrés y de un ambiente desordenado, podía llevar a aumentar la cantidad de calorías consumidas.
  • Las voluntarias que pensaban de manera más positiva y relajada, podían reducir la presión del consumo en exceso. Contrarrestando de esa manera, la influencia del entorno, más caótico y ruidoso. 

Aunque el entorno más estresante no parece que tuviera impacto en relación al consumo de galletas saladas y las zanahorias:

  • Un ambiente más caótico puede favorecer una elección de alimentos menos saludables.
  • La capacidad de afrontamiento y pensamientos más sanos, puede amortiguar o desencadenar la elección de dichos alimentos.

Información obtenida de:

Vartanian, L. R., Kernan, K. M., Wansink, B. (2017): Clutter, Chaos and Overconsumption: The Role of Mind-Set in Stressful and Chaotic Food Environments. Environment and Behavior, vol. 49, pp. 215-223.

Miriam Benavides

Psicóloga Sanitaria

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