Egoísmo malo vs. egoísmo bueno

Egoísmo malo vs. egoísmo bueno

Existe una creencia bastante extendida basada en la idea de que para sentirse bien con uno mismo. Ser feliz y para que los demás estén bien conmigo. Siempre hay que estar pendiente del resto y atenderles en aquello que necesiten. Priorizando esto incluso a las propias apetencias y/o necesidades. ¿Dónde está el egoísmo malo vs. egoísmo bueno?

Esta creencia comúnmente asumida, se considera de forma habitual que constituye una de las bases de la propia felicidad, puesto que igualmente se asume que no siendo egoísta uno se sentirá en armonía consigo mismo.

Sin embargo, ¿Por qué acude gente a consulta que actuando de este modo no se siente bien?

Para responder a esta cuestión es necesario aclarar los límites entre el altruismo y la dependencia de los otros para lograr la propia felicidad.

Es cierto que siendo altruista y llevando a cabo conductas prosociales uno mismo se puede sentir mejor.

Pero no únicamente de este modo se llega a la felicidad, principalmente debido a que actuando solo de esta forma se diluye progresivamente la propia existencia en pro de los demás. Quedando uno mismo relegado al último puesto en la mayoría de las ocasiones.

Se llega a la conclusión así de que los demás siempre son más importantes que yo.

Esta situación, de forma frecuente se observa en personas con baja autoestima, alta deseabilidad social, dificultades para la asertividad o con signos de dependencia emocional.

Por esto, una vez que acuden a consulta es necesario aprender a diferenciar entre el egoísmo malo y el egoísmo bueno, para que de este modo no experimenten culpa por hacerse cargo de sí mismos.

Este egoísmo bueno implica:

  • Ayudar a los demás y estar pendiente de ellos sin olvidarse de uno mismo.
  • Alternar la atención a los otros con el propio autocuidado.
  • Saber decir “no puedo” cuando realmente no sea posible la ayuda al otro.
  • Reconocer en uno mismo necesidades y apetencias que igualmente han de ser atendidas.
  • Aprender a conseguir la felicidad no solo a través de los otros.
  • Aprender a dibujar los límites entre uno mismo y los demás.
  • Valorarse uno mismo, teniéndose en cuenta con lo misma importancia que al resto.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga Sanitaria

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